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LIVINGSTONE SUPONGO

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Compañía Opera Soft
Distribuidora Opera Soft
Año 1988
Embalaje Estuche plástico negro de 12,50×16,20×1,90
Compatibilidad PCW 8256 - PCW 8512 - PCW 9512
Periféricos Teclado
Carga Automática
Género Arcade
Idioma Español
Precio España: 3.500 Ptas - Inglaterra: £00,00
Estado Preservado

Capturas

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Descripción

La historia, toda una emoción: Uno de los más famosos misioneros y explorador inglés, David Livingstone, partió hacia tierras africanas hacia el 1841 con una expedición sanitaria. Después de trabajar varios años en Bechualandia decide volver a su país.

Pero la atracción que en él creó este continente poco explorado, le llevó de nuevo a la aventura y regresó en 1866 para aclarar las relaciones entre las cuencas del Zambeze y el Nilo, con deseo de hallar las fuentes de ese río.

Tras varios años sin dar señales de vida, el diario “New York Herald” envía en su búsqueda a Henry Norton Stanley. Este, desembarca en Bagamoyo, en la costa oriental de África junto a Zanzíbar, desde donde debe remontar el río Zambeze hasta el poblado delos Ujiji, donde se supone que debe encontrarlo.

Stanley, experto explorador de África, sabe que se enfrentará a múltiples peligros: animales salvajes; innumerables obstáculos naturales; tribus antropófagas; plantas carnívoras, etcétera.

Permitid que me presente, estimados lectores: mi nombre completo es Henry Norton Stanley, explorador inglés de gran prestigio internacional. Nací en Gales en el año 1841, aunque escapé en un barco hacia los Estados Unidos de América para cumplir el gran deseo de mi vida: llegar a ser periodista. Me establecí en Nueva York, y fue allí donde comenzó la más increíble historia que ningún hombre jamás haya podido contar.

Como cronista del New York Herald, me trasladé hasta Asia en busca de un interesante artículo sobre los mosquitos caretos de las Antillas. Después de varios meses de incesante investigación, buscando como un desesperado un dichoso mosquito de esa especie, llegó hasta mis manos una cariñosa carta del director del periódico, rogándome amablemente que emprendiera la investigación sobre el paradero de un explorador británico perdido en África. La carta decía exactamente: “Busca a Livingstone o quedas ¡despedido!”.

Mi flema británica me impidió enviar un mensaje de respuesta a mi director, por lo cual me dirigí al aeropuerto a tomar el primer vuelo que saliera hacia África. Me advirtieron que este continente era muy extenso y tardaría mucho tiempo en explorarlo, aunque de todas formas decidí empezar por el Norte. El avión me dejó en un lugar donde,nada más llegar, un tipo quiso venderme un transistor a muy buen precio. Era una ciudad llamada algo así como Zeta, o Zuta, o algo parecido.

Más tarde pregunté a un nativo de la zona, si había oído alguna vez hablar de David Livingstone, a lo cual me respondió muy amablemente “Tumha tumha, te te, kachu kachu, pito pito”, lo cual me aclaró bastante las ideas sobre qué camino debería escoger…el del suicidio. Decidí adentrarme en la selva y comenzar la búsqueda de una vez por todas. Tomé aire y…

Me encontraba en medio de la selva virgen. Examiné cuidadosamente mi ligera mochila: apenas tenía víveres para sobrevivir en esta empresa, con una pequeña rama conseguí construirme un poderoso boomerang; para mi defensa personal me hice con unas docenas de flechas, cedidas amablemente por un lugareño, que tuvo un leve encontronazo con… mi boomerang.

Un picador que pasaba por allí, me prestó la puya para utilizarla como pértiga en situaciones comprometidas y, finalmente, construí un buen montón de cócteles Molotov, rellenos con el whisky que pude adquirir en el “Super” de un poblado que acababa de atravesar. Ahora estaba bien equipado para la búsqueda.

Según atravesaba la espesa maleza de la selva, iba anotando todo aquello que tenía oportunidad de ver. Al final de mi aventura, había dibujado el mapa. Me fue muy útil en mi segundo viaje por aquellas tierras, pues la selva estaba llena de peligros, trampas y numerosos enemigos, dispuestos a acortar la ya de por si corta existencia de un explorador.

La vida en la selva es aburrida y difícil; será por eso que los monos suelen entretenerse jugando a todas horas al tiro al Henry. Se ponían muy pesados, pero siempre les hacía entrar en razón a golpe de boomerang. Fue precisamente cuando estaba luchando contra los primeros monos juguetones, cuando algo me cogió del cuello de la camisa y me elevó por los aires. Había topado con el más exasperante de los enemigos que iba a encontrar en mi camino: el Águila.

Este inoportuno pajarillo estuvo merodeando durante todo mi viaje, esperando el más mínimo descuido para llevarme a su nido, justamente al principio de la selva, lo cual suponía una gran pérdida de tiempo y, sobre todo, de paciencia. De esta manera estuve siempre alerta, vigilando al águila.

La primera vez que el pajarraco me trasladó hasta su nido, comprendí que no había sido del todo inútil. En su interior, se encontraba la mayor gema que había visto en mi vida, de la cuál me apropié en vista de la carencia del dueño, saliendo por piernas acto seguido. Tras atravesar de nuevo toda la selva, encontré el río (no sin antes tener varios encuentros amistosos con mi amigo el águila), desde el cuál avisté unas cavernas donde no me atreví a entrar.

Seguí río abajo hasta encontrar dos caminos: uno alto y uno bajo. Mi maniobra en este lugar fue la siguiente: lanzar el boomerang con todas mis fuerzas contra un mono que se interponía en mi camino, e idem con un escorpión; procediendo a continuación a situarme al borde del tronco en el que viajaba y saltar con la pértiga hasta el camino alto.

Llegué a un poblado nativo: Machukakuche. Siempre me habían dicho que los moradores de esa zona del continente eran tranquilos y hospitalarios, pero la flecha que atravesaba mi sombrero me hacía dudar de ello. Después de lanzar mi boomerang a dos de ellos, me coloqué a la derecha de unas arenas movedizas, casi dentro de ellas, y empleando la pértiga con una fuerza de ocho salté por encima de unas chozas. Justo al iniciar el despegue, había preparado el boomerang, pos i a mitad de camino aéreo, tal y como ocurrió, me cruzaba con un malhumorado habitante.

Durante el salto, pude avistar otra gema encima de una torre de madera, que instintivamente cogí al vuelo. Dejándome caer desde la torre, utilicé de nuevo la pértiga para saltar la segunda manzana de chozas. Caí cerca de la Cabaña de la Cruz Roja, donde tenían una manera muy particular de interpretar los primeros auxilios, y desde allí volví a saltar, terminando esta vez encima de una torre. Mi primera reacción fue echar a correr y al estar justo al borde de la tercera torre, decidí que lo mejor para la salud era saltar nuevamente.

Delante de mí sólo quedaban dos chozas. Acabando allí con los nativos allí reunidos, me elevé por encima de una olla donde se guisaba el último explorador capturado, lo cual me hizo correr aún más, hasta llegar a un lugar donde se divisaba un boquete en la montaña.

No podía continuar, un cocodrilo me cortaba el paso. Al frente, en una palmera, un mono me lanzaba cocos como un descosido y, para terminar de liarla, apareció mi amigo el águila justo sobre mi cabeza.

Había que actuar, y rápido. Tomé la pértiga y salté con todas mis fuerzas, cayendo encima de la montaña, la cuál descendí hasta adentrarme en la cueva. No sabía a dónde podía conducir aquel camino, pero el simple recuerdo del pajarraco me ponía alas en los pies.

¡Había encontrado una mina de oro!. Estaba compuesta por dos pisos, donde trabajaban afanosamente los mineros, buscando el dorado metal, que podía verse y olerse por doquier. Desde abajo vi también otra gema, como las que había tomado prestadas por el camino. Los operarios custodiaban celosamente y fue muy difícil hacerme con ella.

Avanzando por abajo y hacia la derecha, encontré unas cuevas que me llevaron a una gruta, donde descansaba otra espectacular gema. De camino hasta aquí, tuve que deshacerme de muchos enemigos: escorpiones, murciélagos, serpientes y cazadores furtivos.

La gruta estaba dividida en dos partes por un pequeño lago, el cual intuí debía saltar para alcanzar desde el otro lado la gema. Previamente, lancé una bomba con todas mis fuerzas, a fin de eliminar una molesta serpiente que merodeaba aquel paraje. Saqué la pértiga, y con una fuerza de unos cinco y medio salté a la otra ribera. Desde allí, la utilicé nuevamente, esta vez con una fuerza de 8 EXACTAMENTE, alcanzando así la gema.

Regresé por el mismo camino por donde había venido y subí al segundo piso, teniendo cuidado con los vagones que circulaban por la zona. En la segunda planta, a la derecha, descubrí la salida de las minas, que daba a las montañas. Pero el peligro todavía acechaba y era ahora cuando la fiesta se animaba.

Las montañas estaban plagadas de trogloditas poco amistosos, con acantilados que terminaban en el mismo océano, y sirenas terriblemente cariñosas e incordiantes. Logré atravesar las montañas cargando el boomerang antes de pasar a la siguiente cordillera, lanzándolo nada más entrar en ella para eliminar a los trogloditas y saltando rápidamente al tronco que flotaba en el agua. Este me trasladaría de orilla a orilla, tapándome en el trayecto con otro brillante para mi colección: ¡Ya tenía seis!

En la última montaña, liquidé al troglodita restante de un flechazo, saltando por encima de los objetos que me arrojaba. Repentinamente, se levantó un poco el viento y se formó un tornado, especialmente peligrosos por esta zona y poco recomendables para la salud de los exploradores, aunque había logrado conservar una forma física excelente, gracias a los víveres y bebida que había atesorado en mi camino.

Con tornado incluido, conseguí alcanzar tierra firme. Llegué a un lugar que se me antojaba familiar, donde nuevamente la flecha que atravesó mi sombrero por segunda vez, me hizo dudar sobre la buena fe de los nativos. Acabando con los dos que encontré, salté por encima de una planta carnívora y me hallé al pie de un valle en cuyo fin parecía apreciarse una edificación. Tomé la pértiga y salté con todas mis fuerzas, llegando hasta un lugar increible: la entrada del templo sagrado de la diosa Spectrad.

Estas son las denominaciones quedan al templo los que aún no han entrado en él y los que se encuentran dentro, respectivamente. Dos guardianes alérgicos a los boomerangs cubrían la puerta detrás de ésta se encontraba el gran atrio, donde vivía eternamente la diosa Spectrad.

Las puertas interiores del templo estaban selladas, por lo cual estuve a punto de volver sobre mis propios pasos, cuando escuché la potente voz de la diosa, que me prometía abrir las puertas del templo si yo regalaba un valioso presente a cada uno seis hijos.

Quise explicarle a la diosa con una sonrisa en los labios que yo no tenía nada de valor, cuando repentinamente los diamantes comenzaron a flotar en el aire dirigiéndose hacia ella. Las puertas se abrieron, y se reiniciaron de nuevo los problemas.

Atravesar el templo no fue muy difícil a pesar de los dardos venenosos, lanzas, flechas encendidas en el techo, nativos, llamas, precipicios, guardianes y cazadores furtivos que encontré por el camino. Ya empezaba a acostumbrarme a ellos: eran casi como de la familia.

Al salir del templo, estuve esperando, boomerang en ristre, la aparición de mi ya amiguete el águila. Sabía que aparecería. Eliminé a una serpiente y salté por encima de la planta carnívora, gracias a la pértiga con una fuerza de 4. De repente, vi un gran pozo enfrente de mi, y acordándome del dicho gracias a la pértiga con una fuerza de 4. De repente, vi un gran pozo en-frente de mi, y acordándome del dicho “mi gozo en un pozo”, decidí lanzarme dentro, parándome, tomando carrerilla, y saltando hasta él desde una flor amarilla del camino.

Estaba en el interior de unas húmedas y lúgubres cuevas. Un murciélago con cara de hambriento se acercaba hacia mí, así que había que actuar rápido: me sitúe en medio del segundo ladrillo empezando desde el borde y, tomando una mínima carrerilla, salté hasta caer en una repisa. Enfrente había una puerta: entré y activé con el boomerang la palanca que había en el techo.

Salí de nuevo y destruyendo todo bicho viviente volví a operar igual que en el primer tramo de cueva (colocándome encima del segundo ladrillo y saltando). Siguiendo esta misma táctica encontraba la palanca que franqueaba la barrera que me impedía seguir avanzando.

Me dejé caer por la repisa y, ya abajo, salté por encima de un pequeño estanque hasta llegara otra puerta. Andando durante algún tiempo, encontré un obstáculo con el que no contaba: un agujero me cerraba el paso y pronto me di cuenta que no podría saltarlo corriendo, pues la distancia era muy grande. Con nervios de acero tomé la pértiga, y realizando un salto con una fuerza entre 4 y 5 conseguí pasar milagrosamente tan peligroso escollo. Mirando por él, comprobé que abajo había un estanque con pirañas.

Presentí que me estaba acercando a Livingstone. Al poco rato llegué a una llanura con un cocodrilo, desde la cual salté con la pértiga, apareciendo enfrente de la entrada de una casa custodiada por dos centinelas. Naturalmente, mi compadre, el águila, también merodeaba por allí. Cuando me deshice de ellos, comprobé que en la puerta del edificio había una placa donde se podía leer: ·Bwana Livingstone“.

La historia dice que cuando vi por primera vez a David Livingstone le dije, como un buen flemático británico: “Livingstone, supongo”.

En resumen

Como se puede deducir, más emoción no se le puede pedir a un juego. Pero como viene siendo normal en Opera, la dificultad está al borde de la desesperación, y el objetivo del juego, rescatar a Livingstone, puede resultar casi imposible.

Como es normal en los juegos de ésta compañía, nos encontramos ante una videoaventura con unos excelentes gráficos, gran adicción, y cómo no, gran dificultad. Los movimientos de nuestro personaje son muy buenos al igual que el resto de las figuras animadas que van apareciendo. Se trata, pues de un buen juego, interesante y correctamente realizado, y del que pueden sentirse orgulloso sus autores.

Livingstone, es uno de los grandes éxitos de Opera Soft, convertido al Amstrad PCW. Es sin duda uno de los mejores juegos realizados para este ordenador, fantástico, sensacional, donde Opera dió en el blanco de las tendencias de videoadictas. Está llamado a convertirse en un mito en el mundo de los videojuegos de ordenador.

Embalaje

En las siguientes imágenes podéis comprobar el empaquetado original.

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Carátula

Aquí tenéis la parte frontal de la carátula original. Sus medidas son: Alto 15,40 cm x largo 25,70 cm.

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Manual

El manual es en blanco y negro sobre papel satinado y viene situado en la parte trasera de la caratula. Sus medidas son: Alto 15,40 cm x largo 25,70 cm.

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Discos

Disco original suministrado con Livingstone.

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Etiquetas

Etiquetas a medida para imprimirlas. Con el paso de los años debido a su uso, las etiquetas se van estropeando y perdiendo su color y calidad. Ahora intentamos adaptar lo más parecido en la medida de nuestras posibilidades, las etiquetas para que se puedan imprimir y sustituir o para aquellos que trabajéis con una copia del programa y preservar el disco original. Medida en 3“ alto: 7,00 cm - ancho: 7,10 cm. La primera imagen corresponde a la etiqueta original del juego, la segunda es la misma etiqueta modificada para poder sustituir la rota y la tercera y cuarta imagen es para los discos de 3.5”.

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Extras

Trucos

  • Para obtener vidas infinitas pulsar a la vez las teclas que componen la palabra OPERA durante el juego.
  • No hace falta perder una vida después de recoger la primera gema. Cuando caigamos en el hoyo no deberemos saltar y matarnos, sino que seguiremos andando, y nos quedaremos en el nivel inferior de la hierba. Desde allí ajustamos la pértiga al máximo posible, saltamos con todo el impulso y llegamos al otro lado.
  • Para llegar a los negros, en la pantalla de la catarata, mata al gorila y al escorpión y salta hacia ese sitio, no hacia la cueva. Vete directamente a los negros, sin dejar que el águila te coja, y guarda los víveres y el botijo para más tarde. En la siguiente pantalla déjate caer, elimina a los negros, y colócate en el borde derecho del lago. Desde allí salta con fuerza ocho (se consigue con mucha suerte o bien pulsando control, hasta que logras situarlo en la fuerza ocho). En el aire coge el boomerang y mata al lancero que custodia la gema. Cógela y vuelve a la pantalla anterior. Mata a los negros y te colocas entre las dos palmeritas que hay en el suelo. Desde ahí, con fuerza siete y pico, salta al promontorio superior. En la siguiente pantalla, elimina rápidamente a los bichos y te dejas caer al tronco, desde el que saltas al promontorio de la derecha, con la pértiga al máximo. En la próxima pantalla te dejas coger por el águila y, colocando la pértiga al borde, lograrás llegar al otro lado con fuerza nueve. Al pasar la pantalla te dejas caer al tronco, en la siguiente salta al otro lado y estarás al principio. Ahora coge los víveres, avanza y métete en la cueva. Elimina a los bichos y vete a la siguiente pantalla, saltando con fuerza ocho para llegar a la gema. Si fallas porque has saltado demasiado, sal y vuelve a entrar en la pantalla, mata a la lagartija sin moverte y salta con fuerza seis (más o menos). Intenta coger la gema de nuevo. Avanza por la mina y salta al hueco superior derecho, donde, si avanzas con cuidado, cogerás otra gema. Vuelve y salta al otro lado. Coge el pan y salta al otro extremo con muchísima precisión. Ya en la segunda fase, avanza con cuidado, coge la última gema, avanza y, teniendo un poco de suerte, llegarás al otro lado sin que te coma la planta. Para llegar al templo colócate a la derecha de la piedra situada en el centro. Salta al máximo. Al caer elimina a los negros y ya habrás pasado lo más difícil.
  • Cuando caigas en un foso que no tiene salida, tendrás que calcular con el boomerang para dar a una palanca que está en la parte superior, con lo cual quedará un huevo abierto para que vayas al lugar anterior.
  • La mina (situada debajo de la cascada), deberemos pasarla de la siguiente manera: Nos dejamos caer en el tronco mirando hacia la cascada y con la pértiga preparada con fuerza 4,30, automáticamente caeremos en el extremo de la cascada, avanzamos hacia adelante y caemos debajo de la cascada. Esta operación hay que realizarla a la mitad d ela longitud de la cascada.
  • Podemos coger la joya del poblado negro más fácilmente, dirigiéndonos a la zona de las arenas movedizas y allí en el borde poder la pértiga a fuerza ocho y saltar, en el aire cambiar al cuchillo y matar al negro de la plataforma.
  • Si queremos que el águila no nos lleve a su nido, en la pantalla anterior donde aparece por primera vez, al llegar por arriba nos asomamos, seleccionamos granadas y con poca fuerza las tiramos y matamos al gusano. Después seleccionamos la pértiga y nos dejamos caer, para rápidamente girar unos pasos a la izquierda pulsar la tecla de disparo, esperar a que esté a tope la fuerza y soltar. Llegamos volando a la pantalla siguiente hasta el segundo cocotero, saliendo rápidamente por la derecha y entonces en la siguiente pantalla, antes de que aparezca el águila, saltamos al charco y nos montamos en el tronco.
  • Para encontrar las cinco gemas esparcidas por el programa, seguid éstos pasos. En la primera parte, la primera gema, que se coge con el pájaro, hay que dejarse coger; la segunda gema se coge en el poblado, poniendo la pértiga al principio de éste; después de pasar por la pantalla en que se encuentran dos monos disparándote cocos, se les mata disparando con el boomerang a la máxima potencia o disparándole una flecha con toda la fuerza. Entonces, aparecerá el pájaro. Es el momento para dejarse coger. Apareceremos encima de un nido. Ahí esta la primera gema. Para salir de ahí, sin perder ninguna vida, vamos por la parte posterior o baja del nido y ponemos la pértiga justo a la orilla con potencia de ocho y medio, y saldremos de aquí sin perder ninguna vida. Tendremos que coger el tronco que nos volverá a llevar a una pantalla antes de la de salida. Volveremos a hacer el mismo recorrido, pero sin dejar que nos coja el pájaro. Después, pasaremos por una catarata; al lado inferior izquierdo hay una pequeña porción de tierra. Tendremos que saltar hacía ahí. Entraremos en una mina. En ella, al principio, tendremos una gruta con un lago en el medio y en la parte superior una gema. Ponemos la pértiga en seis y medio, y saltamos. Cogerás la gema. Después pasaremos por la mina saltando por encima de las vagonetas. Estando en el medio de la mina aparece en la parte superior un nuevo agujero con dos mineros que lanzan picos; es el momento de agacharse para no ser eliminados. Entonces entre disparo y disparo, los mataremos con cualquier arma, cogeremos la gema y nos dará una vida. Después saldremos a las montañas y tendremos que estar alerta a los disparos de los cavernícolas. Ahí conseguiremos la quinta gema. Al pasar por esta zona tendremos que coger el tronco y empezar a poner la pértiga para saltar a la zona superior. Entraremos en otro sitio en el que nada más caer debemos volver a saltar. Entraremos en el templo. Toda la comida es fuerza. Debes seguir. Entonces…

Mapas

A continuación os dejamos algunos mapas para que os sea más fácil terminar el juego.

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Publicidad

Algunos anuncios del juego en revistas de gran tirada de la época.

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Descarga

Las imágenes de disco, se han obtenido de la versión original de Livingstone, han sido grabadas y verificadas.

Vídeos

Enlaces

es/juegos/livingstone_supongo_or.txt · Última modificación: 2017/04/01 15:36 por jevicac